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Escrito del momento

Enviado por: mazur14-11-2010
Sección: Fantasia / Romantica

 

MARIXA

 

 


Todo necesita una explicación, o eso dicen esté de acuerdo o no... Como que me llamó Guzmán, y hoy por la mañana estoy alegre pero esta alegría guarda sus secretos... Casado con mi bella Luisa y dos hijos maravillosos... Todos saben soy un terapeuta de renombre. Eso se acentúa hoy en un agasajo preparado para mí en la “Sociedad Psicoanalítica de Budapest”. Auspiciado por mí benemérito colega: Luis Ángel Juárez. Y al que no asistiré, por supuesto... Mi descreimiento sobre el “pensamiento” que aclara fundamentados los hechos y sucesos por sobre el azar y lo ingobernable comenzó de muy joven. Fue un verdadero infierno pero a su vez hoy lo veo como la fortuna y aquél un designio maravilloso. No quiero extenderme; sintetizo:

Aquellos tiempos de primera juventud fueron el impulso de mi carrera, y se desató “extraordinariamente” en un “brote” que me mantuvo internado en un manicomio porteño. Las indagaciones profesionales indicaban que podría haber causado mi “enfermedad” una extraña vinculación con las artes. Es decir, “Sexo, Drogas y Rock &Roll. A lo que me dedicaba asiduamente... Lo que provocó que los médicos me abstuvieran del Rock & Roll y el Sexo. Para sujetarme a todo tipo de drogas nocivas sumamente dañinas y privación de la libertad. Que me afectaron dé tal modo que ya no pude proseguir con mi carrera prometedora y vocacional. Y que me indujo un gran desasosiego al principio dado que no deseaba abandonar mis afanes artísticos al mismo tiempo que fue generando en mi desacuerdo, un virtual llamado de las “Seudociencias”. Despertada la avidez comencé con las lecturas de sus detractores lo que suma en general a todo libro que merezca ser leído.

Ya maltrecho y caratulado como “enfermo mental”; gracias a mis babeos y que el “alhopìdol” no me permitiera emitir una palabra coherente. Dejé el manicomio e intenté retornar a mi vocación pero sin éxito lo que acentuó en ese marco miserable la idea de que ya estaba en condiciones de contraer matrimonio e implicaba amar a una mujer. Lo que resultó muy sencillo ya que las mujeres para enamorarse sólo buscan mucho sexo y nada más... A pesar de algunos reclamos amorosos que abandoné rápidamente mediante esta confirmación irrefutable. Así que remplacé esa inquietud por la proclama de “Amor Libre” y por mis lecturas, a la “libertad sexual” y sobre todo de la mujer. Que luego, irremediablemente y con el tiempo se convertirían en réplicas; como “buscate un trabajo decente, quiero ir a cenar, me aburrí de estar todo el día en la cama”. “Quiero una casa, hijos, salir con mis amigas y viajar; ir de vacaciones y no te olvides que tenemos que cenar con mi familia el Domingo”. Osea que todo marchó como lo esperaba y azarosamente.

Luego de mi matrimonio y el esfuerzo de lograr estas apariencias más asentir con la cabeza constantemente noté que la avidez sexual de mi esposa no disminuía si no que se acentuaba concentrada sólo en mí así que al menos proseguía con alguno de los objetivos centrales y enamorado aunque por consiguiente no duró mucho. Básicamente porque el tiempo lo mezcla todo y así reflotó el “Amor libre” conjuntamente con el “ama de casa” el trabajo decente, el Rock & Roll, los hijos, sacar la basura, continuar los estudios y las vacaciones y el ahorro para ir a Nueva York. Etc.

Evidentemente al pasar el tiempo luego de intentar con la cocaína según el método Freudiano para desenmascarar lo “siniestro” sumada la ingesta continúa de bebidas alcohólicas desinhibitorias con el mismo fin, lo que todo “enfermo mental” tiene sumamente acentuado... Ambos, es decir; mi esposa y yo nos hartamos el uno del otro y odiándonos terminé de patitas en la calle. Quebrados mis afanes por conservar la relación, y negando mis sentimientos homicidas completamente razonables.

Así como todo pensamiento lógico pretende afirmar una verdad es fácilmente refutable...

Luego tuve que enfrentarme a mis pasiones y un callejeo virulento. Sin descuidar mis estudios... Conocí la pasión trágica con una mujer; el sexo salvaje con otra, la dramaturgia y la tragedia a la par del “Teatro” y la mía, La idiotez “comunal”, etc. Como la muerte del próximo, la cercanía de sucesivas internaciones... Los viajes de huida persistente. La práctica extrema de la libertad y la privación de ella.

Y perdí la fe...

Anduve perdido por años cada vez más roído y genial en la miseria malabarista de la muerte...
Mi intelecto desbordaba con mi talento en calles enjutas y malas compañías como en la Universidad y olvidé por completo aunque fueran sólo instantes de lujuriosa agonía mi creencia fatal en lo fortuito y el accidente sumido en la aspereza de toda decadencia.

Dilapidé fortunas y salud mientras guerreaba necio y joven hasta que un día vagando ocurrió el milagro esperado...

Por lo pronto, en mis degeneraciones mundanas, cada tanto lograba el baño y el aspecto ciudadano para así lograr no ser asesinado por aquellos monstruos instituidos vulgarmente en nuestra sociedad evitando recaídas en manicomios. Increpando jueces, abogados, policías y médicos diplomados en la vulgaridad de un lenguaje que ya dominaba a la perfección...

Me había matriculado en los disfraces y cómo psicólogo... Lo que no contradecía mi ética aunque sí mis conocimientos.

El hecho, se produjo también de mañana, suene contradictoria mi razón, en la puerta de un depto céntrico de Mar del Plata cuando encontré en la vereda la suma de 100 pesos. Lo que no es frecuente en mí si no perderlos...

Pero para no dejar vahídos en mi literal relato, ya en la búsqueda que me otorgaba mi nueva profesión y sus devaneos, había yo tratado un pueril muchacho que me contaba su relación con una joven prostituta... Y que al afianzarse el vínculo de transferencia y su interloquio persistente, di de alta con esmero celebrando su buen estado de salud. Cuyo menester me fue grato. Sostenía mi economía gracias a verdaderos maniáticos. Por ej. Una mujer divorciada de casi 40 que discurría en volver con el marido que no amaba y por sus purretes y en la siguiente sesión lo insultaba por su falta en la cuota alimentaria mientras asumía la continuidad de una seducción putañera y ridícula que mostraba su interés en el volteo hasta de los planos colores del consultorio... Una joven sexópata que se quejaba de la falta de amor de sus novios que reemplazaba despojada de amor. Un taxista alcohólico incapaz ya de actividad sexual que había así mejorado su relación con su esposa. Y algunos otros personajes patéticos que sólo necesitan venir a romperle las pelotas a uno y pagar repitiendo siempre lo mismo hasta aburrirse y así decidirse a hacer algo con sus vidas idiotas.

Todo en aquella misma mañana milagrosa despertaba mi anhelo ya perceptible y aguzando la mirada luego del primer hallazgo buscaba el siguiente me condujera a mi único y verdadero destino mirando hacia el suelo donde repentinamente vislumbré un reverso de papel blanco al que sin titubear sumé a mi tesoro con entusiasmo.


Y al voltear gráficamente y sin tapujos el papel leí atentamente... “ Tres amigas te esperan en su depto solitas las 24 horas, presentando el volante “Promoción” 2 X 80 y la dirección sólo a unas cuadras.

Evidentemente mi destino devenía en transcurrir a tal concurrida cita y sin mayor deseo que mi anhelo primigenio me aveciné al domicilio citado.

Al ingresar me encontré en un living semioscuro y pronto me sorprendió una música advertido que ya vendrían las chicas. Y tras unos minutos de aliento entrecortado desfilaron ante mí, tres chicas que promediaban los 25 años aparentemente en gracioso celo dado su minúsculo atuendo de bella lencería.

Primero vinieron las fuleras en búsqueda del bulto, pero la tercera era un monumento a la carnalidad y belleza y fue el único nombre que pude recordar. “Marixa”


*


El encuentro consecuentemente fue celebrado por los dos... No se trataba de una vulgar faena sexual delatada por la amplitud en la lucha y deseo entre los cuerpos; desfallecimientos con el afán de morder; “ descarrilamientos” que nos acercaban y entrechocaban deseosos de más placer... Sonrisas y ojos entrecerrados como también miradas atentas hasta llegar al clímax y su complicidad posterior de sonrisas y juegos amorosos en la despedida.

Mi espíritu breve buscó reposo sosegado en la plaza más cercana... Algo motivaba la celebración de los cuerpos en un secreto a voces. Las mujeres que un momento antes me cautivaban ya no me parecían atractivas. Mi mirada aún conservaba la belleza de Marixa. Y ninguna otra podía comparársele. No podía si no encontrar cada defecto en las mujeres que poco tiempo atrás pudieron resultarme hasta inaccesibles. Ella era como un molde perfecto que dejaba de lado a todas las demás; con la tesitura de sus senos rebosantes en la fijeza dura de sus pezones revelando nuevos sentimientos de furiosa entrega en el deseo; vencida y gozosa cayendo esquiva sobre mí, entre caricias y besos de conquista; entrelazado en su larga cabellera negra.

Me sentía diferente y transformado...

Si bien en suma el acontecimiento podría ser considerado como un episodio puramente anecdótico de buen sexo no lo era para mí ya que si no fuera por las fuerzas motivadoras del azar nada hubiera llamado mi atención ni lanzado hacia aquél encuentro que me estaba mostrando sus primeros vestigios.

Con estos pensamientos retorné a mis habitaciones; una destinada al consultorio y otra a la vivienda. Pero dispuesto a no intentar razonar los efectos precedentes salvo en acentuar conscientemente sus influencias dada las características de mí persona y mi razón de ser.

No pensaba en retornar y disfrutaba de un transcurrir más sosegado; noté que mejoraba mi trato con los pacientes que aumentaban y que me percibían más afable así como el entorno más cercano, también en lo referente a mi aseo personal y del espacio habitacional. Incluso en lo económico ya que mermó mi necesidad de asistir a “boliches” Mi estado de salud mejoró en está actitud más placentera y sosegada ante la vida. Y la idea aún persistente respecto de Marixa fue apenas perceptiblemente desdibujándose dándole paso más seguro a mis ideas con la fuerza de mis convicciones y el único hábito que persistía era mi cotidiana asistencia al Café, a veces solo y otras veces acompañado por colegas o jóvenes estudiantes donde realizaba los apuntes y notas sobre mis avances respecto a la voluntad de toda una vida que al fin cobraba forma bajo el título de: “Reflexiones sobre el impulso terapéutico del azar” que logré finalizado tras un arduo y metódico trabajo pero sin más intención que la de afianzar mis propias ideas.

Cabe destacar que también mejoraba mi vida sexual; si bien, lo perteneciente a esos nuevos vínculos sólo me hacían extrañar el influjo mágico de Marixa. Aunque una joven estudiante subyugada por mis apreciaciones profesionales denotada verdaderos sentimientos hacia mí y despertaban una ternura que fue gravosa en mis deseos antimaritales de amor-sexual. Ya que sus visitas y atenciones persistentes forjaban mis fuerzas.

En una ocasión dónde el manuscrito estuvo en un descuido a su alcancé no ahorró elogios entusiastas ante mí como en los círculos del ambiente que frecuentábamos dándole a éste una prometedora fuente de nuevos conocimientos despertando la curiosidad, felicitación y asedio de mis colegas en motivar su publicación.


Todo esto iba resaltando mi figura como profesional que evidentemente resultó en beneficio en mi actividad como la presencia de Luisa felizmente enamorada en el ámbito social.
Al contrario de una sensación de logro y crecimiento todos esos reconocimientos y atenciones comenzaron a generar en mí la duda de recaer nuevamente en lo “establecido” en la rutina mediocre de una vida mediocre que hacia que mis recuerdos casi débiles sobre Marixa me fueran atrayendo como un imán y con una fuerza en ascenso inaudita.

En breve ya se esperaba que formalizara mi relación con Luisa y así también la publicación y atribuía la demora con falsa modestia.

Finalmente en el Café unos de mis colegas más renombrados; Presidente de una Fundación de prestigio; me manifestaba la necesidad de apoyar, previa lectura formal del “ensayo”, el que conocía vagamente ante las ideas que no sin falta de pasión dejaba traslucir en nuestros encuentros y alegando sería un salto para mi carrera y brindándome el apoyo necesario para lograr la publicación que de tener el éxito que auguraba sería bien recibido por la Fundación; el ámbito común y las Universidades del mundo y así me vi envuelto en la obligación de entregarle una copia con la falta de confianza necesaria y el argumento ficticio de que aún debía fortalecer mis ideas. De las que no tenía en realidad ni la menor duda.


En poco tiempo llegó el día esperado respecto de mi publicación. Luisa se encontraba feliz y a decir verdad muy hermosa por la mañana luego de una noche agradable y romántica para ambos y concordamos que la llamaría ante la primera novedad.

Apenas se marchó segura y feliz. Me embargó una poderosa fuerza de salir corriendo en la búsqueda de Marixa. Todo lo demás resultaba secundario, un sueño inarticulado, a pesar de la convicción que me daban las ideas comprometidas en el “ensayo”. Necesarias para mí e irrefutables. Sin embargo, raudamente me lancé en su búsqueda sin tener en claro el por qué y mucho menos cuál sería el resultado de mi accionar inaudito frente a un encuentro con alguien que probablemente no me recordaba y poniendo en riesgo todo lo que había logrado con verdadero esfuerzo.

Al llegar al depto. donde nuestro primer encuentro me encontraba nervioso aunque sin dudarlo ingresé y expectante esperé el desfile de las chicas y me vi absorto ante la ausencia de Marixa. Si bien pregunté por ella la única respuesta fue que ya no trabajaba allí y sin ninguna pista. Nada. Recorrí entonces todos los sitios donde podría estar incluso a través de Internet pero aún nada. Me sentía confundido y restaba poco tiempo para la entrevista. Sólo me restaba un depto. Donde buscar y fui, me detuve en la puerta pero de pronto un nuevo pensamiento me sobresaltó. Por un instante creí que en ese lugar la encontraría; pero de una manera que no puedo explicar avasalló mi mente la propia experiencia vívida y mis convicciones. ¿Acaso Marixa no estaría allí también producto de lo fortuito? ¿No podría estar acaso esperando aquellas fuerzas ingobernables en búsqueda de otro destino? Me sentí torpe al intentar descubrirlo, esbocé una sonrisa y me marché seguro hacia donde debía dirigirme y pensé: “Otra vez, Marixa”




M A Z U R


 

 

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