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El rincón de los grandes pequeños escritores
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Enviado por: bonvin17-11-2010
Sección: Fantasia / Leyendas

 

LECTURA

 

 

Silencio, la novela que se disuelve página tras página tiembla en mis manos, el vaso de vino, barato, descansa a mi vera y el cigarro, olvidado, humea entre mis dedos hasta consumirse y quemarme, devolviéndome al elástico sillón, ese sillón negro y verde cálido en donde mi cabeza gusta tanto recostarse como ahora lo hace, olvidando el repentino dolor o deseando y saboreando ya de un futuro e ilusorio goce.
Entonces, golpe repentino y silencioso, ante mis ojos se posa la oscuridad. El primer pensamiento me dice: “¡Estoy ciego!” El segundo, menos precipitado, menos estúpido, me convence: “No hay por qué inquietarse, las pupilas ya comienzan su lenta adaptación, poco a poco se dibujan los contornos de las cosas”. Mientras tanto el barrio enmudece involuntariamente, oscuro y a la imaginación perverso.
Pruebo con la llave de la corriente, con la toma de luz, con la lámpara de kerosene hasta que el impulso me conduce a probar la suerte en las casas vecinas: Efectivamente, el barrio se esconde bajo la noche real y la artificiosa, volviéndose un inmensa masa dura, fría y azulada.
Justo cuando el protagonista Andrés se preparaba, luego de tantas páginas de incertidumbres y miedos, para ir a la casa de su enemigo durmiente. Precisas diez páginas antes del cierre, diez o quince minutos de luz hubieran bastado para terminar la ejemplar novela o, al menos, para emprender otra actividad de luz no carente. En fin, la luz no está más que en la alta esfera nocturna que, imponente, se alza más y más, y que es insuficiente para iluminar un libro o la hoja de un escritor que se resiente.
Y, tedioso, dejo caer mi cigarro, uno nuevo y no el que me quema sin compadecerse, y dejo que el piso alfombrado se incendie. Dejo que las llamas expongan la habitación y los cuartos siguientes, que asoman tras las puertas abiertas. Contemplo el fuego que se abre camino entre los pliegues de las cortinas y la madera que hace tiempo convirtióse en sillas, mesas y muebles, dejo que las llamas consuman la novela –y con ella el protagonista y toda la madeja de acontecimientos- temblorosa y, finalmente, ya incapaz de soportar y convivir con ese fuego que a sí mismo se enloquece, dejo que del libro de abra paso hasta mis brazos, a través de mis manos; y de allí, fueguina serpiente, reine desde mis hombros... y después un grito de muerte... y el fuego que domina mi cuerpo... y las convulsiones previas a lo que sería la quietud de un ceniciento ambiente, sin luz y sin gente, un ambiente sin novelas (ficciones) ni realidades, si es que las hay. Un ambiente vacío: sin sillones ni escritores ni mesas ni protagonistas ni personas acosadas por la dicha o la tristeza.

Web del escritor: http://www.andresbonvin.blogspot.com
Email del escritor: bonvin_1982@hotmail.com

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