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| Enviado por: exell | 03-08-2010 | | Sección: Cartas y Opiniones / De Amor y Odio |
|  Secreto
Quiero contarte un secreto
sobre algo que tenemos
que sin embargo no vemos
y nos consume discreto.
Quiero hablarte de un enigma,
la luz de todos los tiempos
el motor que al universo
ha regalado la vida.
Que los sabios se disputan
razones de su existencia
que como sombras se ocultan.
Lo vivo por estar vivo
y sintiendo su presencia
no necesito sentido.
Es de suponer que los razonamientos sobre reacciones químicas en base a la liberación de ciertas toxinas en nuestro organismo, que provocan estados de creciente ansiedad o euforia según determinados momentos, tengan realmente una sólida fundamentación lógica y práctica, cuyos efectos son sobradamente conocidos por aquellos pocos afortunados que han logrado disfrutar de tales vivencias.
No obstante resulta mucho más hermoso concebir la existencia de una criatura que habita en lo más hondo de nuestro ser en un estado de perpetuo sueño, que despierta vigorosamente al entrar en contacto con otro ente de similares características, desencadenando ese aluvión de sentimientos, a veces gozosos, otras dolorosos; siempre anhelados por todo ser humano, que cuando al final de sus días se asoma para contemplar todo lo acontecido a lo largo de su corto periplo terrenal, observa con enorme tristeza la falta de siquiera un breve momento de aquellas intensas sensaciones, se da cuenta de que no ha vivido. No ha sido éste más que un mero trámite entre principio y fin.
Es posible que sea aquel maravilloso milagro el que nos afecta directamente.
¿Acaso disponemos del derecho y el poder de privarnos a nosotros mismos del disfrute de instantes de infinita felicidad, arrastrándonos miserablemente entre el fango de nuestra propia incomprensión, sumiéndonos en un mar de recuerdos puntuales que no consiguen sino acrecentar la sensación de angustia por aquello que tanto ansiamos volver a experimentar?
Es bien cierto que el dolor existe. Sin embargo basta una mirada cómplice, un beso, una caricia, para que los demonios negros que causan todo nuestro desasosiego desaparezcan por el mismo camino sinuoso por el que surgieron.
Que sensación de sosiego cuando te encuentro a mi lado; y al mismo tiempo, el pánico me muerde el alma sólo por imaginar que mañana estés lejos. Y que te olvides de mí; y de algo que tuvimos que sin embargo no vimos y nos consumió discreto. Que te olvides del secreto.
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