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El rincón de los grandes pequeños escritores
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Enviado por: webmaster21-06-2010
Sección: Cartas y Opiniones / Al Mundo en General

 

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Escuchad con atención lo que he de deciros.
A todos vosotros lectores ávidos de emocionantes vivencias, que existís presas del sueño de aventuras venideras, os emplazo tras la muralla del tedio que encierra el paisaje de la aberrante monotonía que os absorbe.

A vosotros os digo leed. Devorad con ansia febril palabras escritas por otros, que ebrios en un arrebato de locura irrefrenable, dibujaron con tinta indeleble la escalera de la libertad en las paredes del muro infranqueable que os ahoga en vuestro silencio.

¿A que tenéis miedo? ¿Acaso no soñáis con el bosque frondoso y fértil que se levanta incomprensible al otro lado del muro? ¿Tanto os ha avanzado la ceguera?

Hubo otros que ya lo vieron. Temblorosos se armaron de valor para subir los peldaños, perdiendo en el ascenso el espeso manto de ignorancia que arrastraron largo tiempo, en el más profundo desconocimiento de su existencia. Un universo descomunal e inexplorado se reveló ante sus ojos grandes y abiertos. Nuevos pueblos. Nuevas tierras. Eras de conquista y lucha despiadada, y sentimiento, y épica. Tal era el cúmulo de sensaciones y experiencias que hubieron de dejar constancia escrita, pues en su memoria limitada y difusa, cada nuevo suceso expulsaba con violencia acontecimientos anteriores de igual relevancia.

No quiero engañaros. Algunos no lo consiguieron. Buscaron con desesperación el valor y el aplomo necesario, en baúles apilados en sótanos oscuros y húmedos, en caminos que jamás llevaron a ninguna parte. Ya era tarde. Sólo hallaron moho y restos en putrefacción de lo que un día, tiempo atrás, fueron sus ilusiones y esperanzas. El león que vive enjaulado perece de hambre al hallar la libertad.

Es por esto que os reclamo a la contienda antes de la noche oscura. Antes de que vuestra armadura se desmenuce en polvo de óxido inerte, sin más provecho que servir de abono para el musgo crecido sobre el hormigón de las paredes de vuestra miserable desdicha.

Corred con furia desgraciados. Corred y deteneros tan sólo un instante para plasmar la crónica del camino recorrido, como ya hicieran otros, de cuyos viajes se hicieron protagonistas generaciones venideras. Galopad al frente de bastos ejércitos junto a Gengis Kan y Atila. Atravesad el mar se los Sargazos al timón del Holandés. Postrad la cabeza de la serpiente a los pies de vuestro soberano. Y dejad que otros canten vuestras hazañas conocidas a través de la palabra escrita.

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